martes, 3 de marzo de 2009

¿Subdesarrollo o barbarie?

Una nota sobre algo inconcebible: una ciudad sin cine. La ausencia de cines resultaría tan sólo la punta de un gélido iceberg. Un intento por motivar el debate y la reflexión sobre algo gravísimo. Agradecemos a nuestra vecina Liliana Colanzi por haberlo subido primero.



para edmundo bejarano, por el futuro

por Fernando Barrientos

Atlántida y El Dorado quedan aquí/

aquí cerca de la rota ilusión quemada/

remota es la consecuencia del porvenir/

mejor ir con nuestra música desolada”

Fernando Cabrera

Un dato desolador podría provocar lágrimas a quien visite Tarija, la “Capital de la Sonrisa”: no queda ni una sola sala de cine en funcionamiento. Cerrado ya hace mucho el, por rachas porno, cine Avenida, donde recuerdo haber visto en compañía de mis progenitores, cuando apenas hablaba, el estreno local de Rocky I (los primeros rudimentos de la interacción social y la sombra del Gran Otro). El cine Edén ha sido comprado por esa secta que tiene franquicia y patente para detener el sufrimiento mientras se llenan los bolsillos de diezmos (pocas veces estuve frente a esa boletería, copiada de alguna película muda, porque estuvo cerrado varios años, pero no olvido varios posters antiguos, entre los que destacaba el de King Kong). Y por último y para colmo, el cine Gran Rex, aquel santo lugar donde por lo menos tres generaciones asistieron regularmente para ser marcados a fuego dentro de esa oscuridad radiante (o para refugiarse en la misma oscuridad), convertido en una huachafa y tercermundista imitación de mall.

El cine Gran Rex tiene estatuto de templo sentimental en mis recuerdos: ahí a mis seis años, vi la primera película que realmente me afectó, Solo contra el mundo (doblada en ese ‘español’ de traducción de Anagrama). ¿Cómo no reflejarse ante la puesta en escena de esa simple e infantil fantasía narcisista?: una pareja de exploradores viaja a la selva en compañía de su pequeño hijo, caen con el jeep en un precipicio, los padres mueren pero el niño está ileso y debe sobrevivir solo, a una edad totalmente incompetente, en la selva profunda. ¿Y cómo olvidar que, para mi hermano y para mí, a partir de aquella lejana tarde en el Gran Rex en la que vimos pactos y duelos en Crossroads la música se convirtió en placebo hasta ahora? Tal vez pertenezco a la última generación que cursó su educación sentimental graduándose consecutivamente en Matinés, Vermuts, Tanda y Noche. El cine (y la t.v.) nos enseñaron cosas que ni la escuela ni los padres tenían la capacidad, certeza o coraje para transmitirnos.

Además, ¿no es inaudito que la ausencia de cines coincida con el incipiente pero sonado nacimiento del cine producido en Tarija?

¿Qué pasó? No es satisfactoria la explicación de que es resultado de uno de los tantos efectos nocivos de la era de la piratería e internet, todo lo contrario: la piratería e internet han democratizado, actualizado y fomentado y el consumo y producción de bienes culturales en esta parte del mundo, donde aún pasan demasiadas cosas oscuras a plena luz del día. Además los cines locales sobrevivieron estoicamente varias crisis, desde que en 1976 se instalara en Tarija la primera emisora televisiva a color del país y una de las primeras en el continente.

La pobreza tampoco es excusa. Hoteles cinco estrellas, coquetas boutiques, camas solares, ni un cine. Gente obsesionada por ser fashion en amplios jardines o en restaurants más o menos lujosos, pero no hay cines. Algunas mansiones glamorosas en callecitas casi siempre limpias por las que pasan a veces algún obeso hummer, ¿un cine por ahí?: no. Y aprovecho para enlistar algunas otras carencias, dolorosas como amputaciones: no hay bibliotecas, ni teatros, ni boliches alternativos.

Las razones hay que buscarlas en otro lado. Pienso que esto de que no haya cines es sólo la punta de una enmarañada madeja de intereses. Un complot silenciosamente orquestado por el Poder: una de las mejores formas de mantener a una masa en estado de rebaño y manipularla a capricho es arrebatarle esa pistola cargada que a veces puede ser la cultura. Este complot intenta apoyarse en ‘tradiciones’ dieciochescas de blasones y otras prácticas insostenibles. ¿Puede haber otra prueba más evidente de la mandarinesca y cortesana visión que mantiene la versión oficial de la cultura local que ese palacete esquinero y dorado que es la Casa de la Cultura de Tarija? (por cierto ¿cuántos emprendimientos necesarios y urgentes se hubieran podido materializar con la plata malgastada en las incontables reparaciones de esa casona ruinosa y decadente que nunca funciona como debe?)

Estos intereses están sostenidos en una ‘ideología’ que proyecta su utopía hacia el pasado. Donde mejor expresado está este síntoma de nostalgia irracional es en Subdesarrollo y Felicidad de Willliam Bluske (publicado hace más de 30 años, este disparejo libro es la cumbre de ese ecléctico género local, mezcla de crónica, ficción, manual de parentescos, tratado de genealogías y costumbrismo bucólico; además de documento valioso sobre la inacabada y tortuosa transición de lo tradicional a lo moderno de una pequeña sociedad). La tesis que sostiene el libro es que el capitalismo, la tecnología y la modernidad acabaron con el estado idílico que se vivía en Tarija en la primera mitad del siglo XX. De acuerdo, pero este estado idílico era en verdad idílico sólo para algunos. En el feliz subdesarrollo que añora Bluske sólo pueden ser felices unos cuantos, sólo aquellos que socapan, promueven y se aprovechan de los males del subdesarrollo para sacar ventaja. Todas las generaciones, ocupadas en lo que parece ser importante cuando apenas es contingente, sostienen y reproducen esta tesis mecánica con distintos matices. Algo anda mal cuando empezamos a proyectar la utopía hacia atrás, a supuestos tiempos mejores. La felicidad del subdesarrollo me parece una de esas mentiras, que nos creímos hace ya demasiado tiempo, de las que se quejaba el incomprendido Carlos Medinacelli hace más de 70 años en “Mi Homenaje a Miss Tarija”. Ahora, sin cines, somos una ciudad aún más subdesarrollada, ¿somos una ciudad más feliz? Además, hemos perdido la categoría de ciudad: una ciudad sin cine no es una ciudad, no encuentro mejor definición que ‘aldea asfaltada’ para una ciudad sin cine.

Pero volviendo a lo de los cines, ¿qué hacer? ¿Expulsar a palos a los mercaderes del cinemático templo del recuerdo? ¿Organizar un ataque guerrillero de película contra esos endemoniados cristianos? ¿Tomar por asalto el Cine Avenida y pasar por lo menos una porno antigua (seguramente pudorosa para estos tiempos de swingers y sexo virtual)? No sé, pero estoy seguro que si una sociedad empieza por permitirse prescindir del cine pronto no le dará importancia a la educación, ignorante pasará a la autonegación y a la alienación, y terminará por convertirse en una sociedad corrupta e intolerante. Una vez que la sociedad empieza a deslizarse hacia la anomia ya no se sabe dónde podrá detenerse. La ruina de muchas sociedades empezó por pequeños hechos como éste, al que no dieron importancia en su momento.

El cine tiene una importancia capital porque entre otras cosas nos revela la constitución de las apariencias, de la realidad. Por su intermedio accedemos a la magia, a la magia de la materialización de la fantasía a través de la creencia. La ficción enriquece la realidad y la inviste de sentido. La realidad es completamente absurda sin fantasía. Sin “biógrafo” no hay vida.

15 comentarios:

JG dijo...

En una de sus últimas entrevistas, Bioy Casares dijo que le gustaría esperar el fin del mundo guarecido en la penumbra de un cine.
¿Qué habría hecho de haber vivido en Tarija?

Te salió picantito el saice, Fer.
En mi época, las matineés del fin de semana eran todo un rito de paso. A las chicas, sus madres las mandaban con un hermanito, adiestrado para impedir cualquier avance. Por suerte, el hermanito era coimero: lo mandabas a que compre helados y se iba.
Pero si no había helado, olvídate.

PD. ¿Te acordás cuando Seinfeld va a ver La lista de Schindler?

Frank dijo...

¿Y cuando Seinfeld se va a ver las 400 horas de Espartaco?

maximiliano barrientos dijo...

Goodbye Dragon Inn, de Tsai Ming Liang, es un tributo hermosísimo a un cine que cierra. Es la última función de un cine que proyecta cintas de kung fu. Toda la peli trata de los espectadores y del lugar. Casi no hay movimiento ni diálogo. Es una película maravillosa.
Qué pena lo de Tarija, Fernando. Aquí, en Santa Cruz, sucedió algo parecido, poco a poco los cines fueron cerrando y ahora son centros evangelistas. No se salvaron ni los cines porno. Hay una novela de César Aira, La villa, que toca este tema: el complot entre las sectas y los cines.

Álvaro Bazán Auza dijo...

No hay cine en Tarija, una calamidad, una pena y un retroceso sin lugar a dudas.
Que la culpa la tengan los cristianos o los poderosos?... o los "oligarcas" soñadores que añoran su tiempo pasado (que de paso tienen todo derecho a hacerlo)...
Propongo que en cuenta de teorizar sobre el complot de unos cuantos, busquemos en el mercado (si ese que compra sesiones de cama solar y hummers, pero también tomografías computarizadas y educación de postgrado)la causa de la debacle de las salas de cine, que aunque no lo querramos sufre al igual que en todo el mundo, y mientras no se reinvente (como con el Cine Center de SCZ) seguirá cuesta abajo.
Si no identificamos con claridad las causas de nuestros dolores, poca puntería le espera a nuestro cañón.

Editorial El Cuervo dijo...

Camarada Alvaro:

En primer lugar la palabra oligarca jamas asomo por el articulo, o la vio ahi?. ha leido a Foucault? sirve para aclarar ke es el Poder (asi, con mayusculas)
(como es eso de las tomografias y

los post grados?, no lo entendi)
yo tambien tengo todo el derecho de imaginar otra tarija (una proyectada hacia el futuro).

Yo tambien tengo todo el derecho de dar mi opinion (la ke comparten si kiera algunos, lo aseguro)

Yo tambien tengo todo el derecho de expresar mi posición sobre ese pasado (ademas todo "pasado" es una construccion social, ke lo redactan los vencedores)

Perdon si ofendo a la paisanada por tocar "simbolos", pero no siento la mas minima culpa. no me retracto ni una palabra de lo ke dije. como decia Nietzsche, la crueldad es buena cuando tiene por fin la verdad.

Ahora, una pregunta Alvaro: ¿Se publicaria mi nota en algun periodico local? Me encantaria. Mostraria grandes avances y un pluralismo ke no siempre abunda en los medios locales.

De todas formas pienso seguir el juego de Mac. Fer. con su hipotetica candidatura a la presidencia y voy a diseminar mi nota a diestra y siniestra

como despedida lo desafio a ke ud. me ilustre sobre las verdaderas razones de esta y otras catastrofes ke se viven en Tarija

sobre la punteria de mi cañon (vaya frase falica)ya veremos.

Editorial El Cuervo dijo...

:
lei la Villa hace rato y solo me acuerdo de ese fisicudo ke se domia ni bien anochecia (como me rei)
ya mismo me pongo a peskisar goodbye dragon (viste fantasma, de alonso? tambien todo en un cine, los dos personajes se pasean porke estan perdidos, casi sin dialogos, mucho cuelgue, una locura)
si, veo, veo, esto es un virus mas peligroso ke el dengue, o sea "denguerous"
un abrazo

maximiliano barrientos dijo...

Sí, fernando. Lisandro Alonso viene de Tsai Ming Liang. Creo que Fantasmas es un guiño a Goodbye Dragon Inn. Ojalá que encuentres esta peli. Tiene cosas tremendas.
suerte, un abrazo.

JG dijo...

No entiendo lo que mencionas sobre Medinacelli y el Miss Tarija, Fernando.
¿Es una especie de broma chapaca?

Editorial El Cuervo dijo...

:
no, kerido, no es un chiste chapaco. mas bien un episodio jodido.hace unos 5 años sake esto en el fondo negro, ahi se cuenta la historia


The Miss Tarija Affaire
Fernando Barrientos

"A veces es necesario leer entre líneas porque, lógicamente, mucha gente no quiere escribir entrerejas" (Perich)

Pocos escritores encarnan en Bolivia el frecuente y latinoamericano destino de fracaso e incomprensión como Carlos Medinacelli (1898-1949).

Es el menos espectacular de nuestros muertos, como dijo G. Churata. Su dispersa e irregular obra (que no ha sido correctamente reeditada en los últimos treinta años) pese a considerarse clásica, cuando no ha sido ignorada, se la ha proscrito al mismo lugar de un estante respetable pero polvoriento. Incluso en su vida misma siempre se le entendió mal y se lo trato peor. Medinacelli nació en Sucre, pero a sus quince años se fue a terminar el colegio a Potosí, donde empezaría como poeta y fundaría la Gesta Bárbara (una suerte de generación perdida sin grandes obras) e intentaría en múltiples empeños cambiar el ambiente provinciano, muelle y pacato de la época. Nunca salió de Bolivia.

No pudo soportar más de tres años de la carrera de derecho donde los catedráticos, dijo, exhibían su ignorancia a cambio de un sueldo; creía que esa era la razón de la existencia de tanto tinterillos. Fue maestro, al mismo tiempo que mordaz crítico de la labor magisteril.

Tampoco en Potosí llegó a sentirse del todo cómodo: "En Potosí, como en todos los pueblos que han vivido sofocados por una esclavitud de siglos, pervive un odio teológico a la inteligencia y el terror jesuítico al pensamiento libre".

En 1930 se va a vivir a La Paz, para ser profesor de colegio, al año a Potosí para dar clases en el Pichincha. En 1932, luego de estar desempleado unos meses, lo envían a Tarija a la escuela profesional de señoritas, pero como estalla la guerra del Chaco se va a La Paz (durante la guerra Medinacelli escribía en las revistas "La semana gráfica" y "La Gaceta de Bolivia).

En el servicio militar llega a estar tres meses, lo relevan por su aguda miopía. En 1934 vuelve a Tarija (vivió en Iscayachi, la parte andina de Tarija, unos meses) enviado como asesor de límites del comando divisionario. En este cargo, en enero de 1935, el canciller del entonces presidente Salamanca le solicita un informe sobre los derechos de Bolivia sobre el chaco boreal y al canciller no le gusta el informe, ya que nunca se lo muestra al presidente porque está seguro que lo iba a molestar: en el informe Medinacelli consideraba inútil y absurdo entrar en conflicto bélico y estaba a favor de seguir una negociación por el territorio para no perder acceso al río Paraguay.

Casi inmediatamente es arrestado por "derrotista" por sus opiniones sobre el conflicto bélico (teniendo que intervenir amigos y parientes para su liberación).

Termina la guerra, Medinacelli vuelve a La Paz, y sigue escribiendo en "La Calle" y en otras publicaciones.

El 24 de enero de 1937 (durante el gobierno del Cnl. Toro) se publica en el periódico "La Calle" dirigido por Nazario Pardo Valle (uno de los fundadores del M.N.R.) un artículo titulado "Mi homenaje a Miss Tarija", escrito por Medinacelli, bajo el seudónimo de Tristan Shandy (personaje de una novela homónima de Lawrence Sterne).

El artículo aparece en reacción de una entrevista, el 17 de enero de 1937, realizada por la redacción de "La Calle" a Miss Tarija, de nombre Margarita. En el artículo hace ciertas observaciones (certeras todas) sobre el ambiente que se vive en esa ciudad luego de la guerra: el artículo se llama "Mi homenaje..." porque Medinacelli cree que decir la verdad, por más dura que sea, es un homenaje, ya que "el que nos dice la verdad nos cree dignos de merecerla".

Pero él cree que en Tarija nadie dice la verdad, que todos los que han pasado por ahí durante y después de la guerra sólo se han ocupado de decorar los lugares comunes más recurrentes: la Andalucía boliviana, la belleza de sus mujeres y la hospitalidad hogareña de su gente.

Por ejemplo, esos poetas que alistan en instantes algún verso sobre la belleza de la campiña (algunos poetastros de esa estirpe sobreviven como desusados abrigos conservándose en naftalina).

Señala además que luego de la guerra Tarija se había convertido en un lugar preciso para que los soldados buscasen esposa, y que reina tal ambiente de frivolidad que obstaculiza el más mínimo pensamiento o la más sutil crítica: "Culpa Tarija su atraso al olvido de los gobiernos.

Más justo sería que lo impute a sus propios hijos".

Por último Medinacelli se atreve a dar un consejo a las mujeres: que no se ocupen tanto de su belleza, inútil y efímera al fin, y que traten de leer y cultivarse para no caer fácilmente en los cuentos de militares que les quieren hacer creer que serán las dueñas y señoras de un país que ellos se alistan a conquistar.

El contenido del artículo, magnificado por la ignorancia y la distancia, fue tomado como una ofensa, exagerando la intensión de Medinacelli, y como ya se dijo, sus consecuencias configuran un hecho que no debió haberse producido y sin embargo se produjo.

Cuando se supo quien había escrito el artículo, la delegación tarijeña se puso en acción para escarmentar a Medinacelli y al director del diario, Nazario Pardo Valle: un coronel se ofreció para pegarle un balazo a cada uno; los militares más que defender el "honor" de la mujer tarijeña, querían vengarse de Medinacelli por las verdades que había dicho sobre ellos.

Bajo esta amenaza, Medinacelli, tiene que refugiarse en la embajada de México, y luego recién fugar a escondidas a Cotagaita.

A Pardo Valle lo atacan un grupo de tarijeños en un restaurant en el que comía con el prefecto paceño, lo golpean con la cacha de un revolver sacándole un ojo de órbita, y en otra ocasión, a la salida del teatro, lo agrede otro grupo. Clausuraron el periódico "La Calle" por dos semanas.

La sociedad paceña ofrece un te danzant a manera de desagravio a Miss Tarija. Medinacelli recién pudo volver a La Paz cuando fue elegido senador, meses después. La representación tarijeña amenazó con no asistir a las reuniones si él asistía, tuvo que intervenir el mismo Víctor Paz E. para tranquilizarlos.

Irónicamente (más bien de manera reveladora) "Mi homenaje a Miss Tarija" es el texto que más fama le dio a Medinacelli en vida.

El artículo es bueno como literatura en si misma (aunque sea una especie de pronuncia para sordos). Estaba dirigido a las mujeres de clase alta, esas Emmas

Bovary, hipnotizadas por los grandilocuentes relatos donde ellas eran dueñas y señoras de una aldea gobernada por militares: les muestra un mínimo feminismo para salvar su vida cotidiana ("Cuando más vacía está una cabeza, más cerca está de vaciarse" Montesquieu).

En 1949 (dos años antes se publica en B. Aires su novela La Chaskañawi) en el hospital de Miraflores, muere Medinacelli, sumido en la pobreza y obviamente ignorado por el estado, rodeado de sus hermanos y algunos amigos.

Antes de morir, dejó su biblioteca a la ciudad de Tarija ("allí si que hacen falta " dijo) su hermana hizo efectivo su encargo en 1975 (además la biblioteca de su hermano Emilio se conserva celosamente vigilada en el C. E. D del convento fransiscano, en Tarija).

Pero ¿para qué recordar algo que pasó hace casi setenta años?. Pocas cosas han cambiado (siguen faltando libros y espíritu crítico, entre otras cosas) y pareciera que por lo pronto no van a cambiar, por eso se debería releer la anécdota no con bronca, sino más bien con empatía y aceptar las verdades que señala como un fundamento para una rebeldía más que justa, necesaria.

* Los datos de la historia aquí rescatada han sido extraídos de Baptista Gumucio "Atrevámonos a ser bolivianos" y "Chaupi Chunchaipi Tutayarka" de Carlos Medinacelli, y las ediciones de "La Calle" de la época.

JG dijo...

Una escena de Annie Hall (esa peli del Woody que tanto queremos). Diane K & Woody hacen cola a la entrada de un cine, van a ver algo de Fellini, me parece (¿o era Bergman?). Y, por supuesto, están muy emocionados y tratan de soportar la espera como mejor pueden. En eso, entra en foco el tipo que está delante de ellos en la fila: habla y habla, teorizando sobre el cine y las ideas de Mcluhan ante una chica hippiesca que lo escucha bobaliconamente. La cola no avanza. Y Woody empieza a desesperarse. Lo quiere matar al parlanchín. El otro, ajeno a todo, sigue hablando. Hasta que Woody se emputa y hace una jugada memorable (lo que muchos habríamos querido hacer tantas veces al vernos en una situación similar): sale de cuadro, se va a un costado y se pierde detrás de unos bastidores para reaparecer acompañado por un hombre mayor, con quien cruza la pantalla caminando hacia donde está Diane Keaton. Woody se acerca al parlanchín. Le golpea el hombro. El tipo gira. Woody le dice: “Aquí está Marshall Mcluhan, ahora explicále toda esas teorías a él”. Genial. [Una escena, además, propia de un cinéfilo].

Esta escena nos recuerda el lugar social del cine-teatro, su posición irremplazable como gestor de comunidad. Que también puede tomar funciones de espacio de resistencia, como es el caso de la peli que menciona Maximiliano: en esta peli la sala de cine que se cierra es un lugar donde los gays se reunen, donde traman sus cartografías de deseo libremente (el factor gay no es explícito, se potencia si vemos la peli desde las obras anteriores del director. Sin embargo, la escena en el baño de varones, con la irrupción del turista japonés, define la situación); es decir, es un lugar resemantizado, al margen de los relatos del poder (de ahí que casi no hay diálogo: los asistentes apelan a otro lenguaje, a un código, un sociolecto pre(o post)lingüístico). Esa sala a oscuras demarca los confines imprecisos, ambiguos, de un espacio otro, donde un grupo de gente reelabora sus propias políticas de construcción de subjetividad(es), de acuerdo a sus propios parámetros. [la primera peli que se ve en el teatro Dragon Inn, titula Dragon Inn: en ella, los héroes combaten contra agentes del poder local --quienes, curiosamente, son eunucos].

Ha escrito Piglia, citando a Valéry: “al poder no le basta reprimir a los cuerpos con otros cuerpos, necesita apelar a fuerzas ficcionales”. Osease, el poder ha de ocuparse de eliminar aquellos espacios opacos donde circulen construcciones de sentido que escapen a su manipulación.

Así, -como Maria Antonieta con los panes y las tortas-, ¿para qué quiere cine la gente si ya tiene Unitel? [En la televisión todo ocurre, al igual que en el mercado, como si nadie interviniese en la circulación de las imágenes]

El asunto que está en discusión, entonces, no es la posibilidad de ver actuar (digámoslo así) a Julia Roberts. No precisamente.

La sala de cine supone un espacio sustraído de la dinámica social. Un espacio otro, con sus propias lógicas (empezando por el horario de exhibición, etc). Uno debe pagar el óbolo a Caronte para ser transportado al otro lado. La sala de cine metaforiza el encuentro sexual, mientras que el DVD es una instancia masturbatoria, de negación del Otro, de rechazo de la (posibilidad de) experiencia [Deleuze, Augé, Campbell, Sarlo, De Certeau, Benjamin, etc han hablado bastante sobre esto]. En suma: la sala de cine es un espacio insustituible. Un dato esencial de urbanidad (hasta no hace mucho, ir por primera vez al cine sin compañía de los padres, era una marca social del fin de la infancia). No es casual que en Seinfeld el 90% de las salidas de los personajes sea al cine.

En esto que cuenta Fernando veo una especie de progresión que glosaría un conocido texto de Brecht: primero quemaron la oficina de Presencia, ahora cierran los cines. Alguien está detrás de esto. A alguien le conviene. La pregunta, entonces, es clara: ¿qué viene después? Seguramente, los grotescos desfiles de chunchos, los viernes de comadres y las procesiones a Chaguaya no van a desaparecer, ya que el poder los necesita para salpicar su nostalgia por illo tempore con brillantes pinceladas de color local. Son elementos funcionales a la gramática del dominio, estampas para la postal tópica (misma que además del “tipo andaluz” celebrado en “Salve, oh, patria”, se regodea en el estereotipo del chapaco flojo y gracioso, y la mocita de mantilla y sombrero, con una flor en la oreja: que se sepa, la arquetípica Pascuala no tiene postgrados ni menos que menos acceso a tomografía computarizada; si los tuviera, ya no sería la Pascuala).

Dicho esto, resulta curioso que Atilio y Fernando vean cosas tan opuestas en la sintomática desaparición del cine en la bucólica villa de San Bernardo: allí donde FB observa un síntoma que surge o se desarrolla en modo canceroso, Atilio ve una clausura impoluta, si bien penosa. Allí donde FB sale a los gritos, Atilio llama a silencio funerario. Donde Fernando propone indagar el malestar en la cultura oficial, Atilio, se diría, ha hecho un pase a lo Fukuyama: sanciona un suceso inexorable y hasta ensaya una oda al mercado. Apelando para ello a la más difundida falacia de la derecha: que el tal mercado es un ente metahistórico, espectral, que funciona por sí solo, ajeno a los trabajos y los días de los hombres. Nada que ver. El mercado, como la libido, se manipula. No es una pulsión ciega, un agente natural. Ni por putas (como solía decir Robertito luego del cuarto Kohlberg). Atilio le aconseja a Fernando que deje de teorizar, pero acto seguido quien teoriza es él: y nada menos que para instaurar -con gesto distraído- un complot fantasma: el cine desaparece por acción de la mano invisible del mercado, dice.
Qué bromistas que son los chapacos, realmente.
[El sueño mojado de la derecha, la utopía perfecta: ya no hay sujetos, ya no hay ciudadanos, solamente mercancía: ah, el mercado].

Me alargo demasiado, Don Q. Para evitar sus iras, me quedo por acá.
Pero antes, gracias por poner lo de Medinacelli. Junto a G.R.Moreno, don Carlos es uno de mis bolivianos favoritos.

Martinis y tafiroles (para los del pogo only)

+ Hay una peli sobre un cine que se cierra que a mí me gusta mucho. Es con unos jovencísimos Jeff Bridges y Cibyll Shepherd. Basada en una nouvelle de McMurthy, la peli titula The last picture show. Está ambientada en los 50, en una época todavía pre-Elvis. Y fue filmada en blanco y negro (no recuerdo quién la dirigió). Es muy linda porque retrata con gran sutileza y precisión la asfixia de un grupo de jóvenes aburridos en un pueblo donde no hay nada que hacer, excepto hablar de fútbol y chupar. Jóvenes que exudan el tufillo de la libertad. Jóvenes que quieren algo distinto. El cine de ese polvoriento pueblito tejano se cierra con la proyección de Red River, aquel clásico de Howard Hawks.

maximiliano barrientos dijo...

Sí, es grandiosa la escena de Woody Allen. En realidad, Juan, es grandiosa toda la peli. Annie Hall para mí es lo mejor que hizo Allen. Es su película más Godardiana, ¿no? Bueno, con Deconstruyendo a Harry se las baten.
Creo que lo que se pierde con el cierre de las salas es un rito cinematográfico que no está cuando ves una peli en DVD. Algo grandioso que tiene el cine es la posibilidad de compartir la experiencia estética. Saber que a tu alrededor, otras personas, completos desconocidos, son partes de un mismo acontecimiento – aunque la interpretación y el goce sean completamente distintos. Eso no lo tiene la literatura, que es un placer puramente solipsista. Cuando se cierra una sala se cierra esa posibilidad de comunión, la ilusión de que por un par de horas y gracias a una cinta, te introducís en la subjetividad del otro.
Además está el fetiche. Hay cierto fetichismo con las salas de cine, con el objeto en sí. Un fetichismo que fue descubierto por la Nouvelle vague y por su adoración de la cinemateca. Al cerrar las salas se pierde ese objeto y el cine se vuelve un más abstracto. Una religión sin iglesias.

JG dijo...

Justamente, Maximiliano, la experiencia en la sala de cine tiene algo del orden fetichista, un encanto también tribal: por un par de horas, somos otra vez aquellos que fuimos en Altamira reunidos alrededor del fuego, viendo sombras danzar en las paredes de la caverna.

Suscribo todo lo que decís y pienso también en el momento de salir de la sala. Cuando uno va chequeando las expresiones de la gente. Muy lindo, realmente.

Como todos en Babilonia, yo he tenido grandes momentos en el cine. Mis mejores bajones, por ejmplo, los he sobrellevado en funciones de trasnoche (en uno de esos bajones, tuve la mala suerte de que el único cine abierto a las 2 de la mañana proyectaba De la vida de las marionetas, de Bergman. No es la peli perfecta para ver cuando uno esta de bajón, te aseguro).

El mejor de todos esos grandes momentos cinéfilos, por varias cabezas, ocurrió en Argentonia, cuando asistí a ver mi primera peli de Woody en una sala de cine (era el estreno de Crímenes & pecados --una de sus últimas obras maestras). Yo no sabía que allá tenían este rito: todo va como de costumbre hasta el momento en que Woody hace su primera aparición en pantalla. Apenas Woody asoma, la gente se para de sus asientos y aplaude a rabiar. Y le gritan "genio", "no te mueras nunca", cosas así.
Cómo te explico lo que es eso?! No he visto nada semejante en ningún otro lado. Sólo se puede comparar a gritar un gol xeneixe en cancha de los gallináceos [bueno, ir a sesiones de The Big Lebowski, rodeado de tipos risueños que mientras ven la peli van recitando a coro los diálogos, no está nada mal, tampoco].

negra dijo...

De acuerdo con toda refutación, rescato, sin embargo, de A.B. la idea importante de la necesidad de una reinvenciòn del cine como género (Como cualquier arte) para sobrevivir. Sin embargo, no creo en la decadencia que postula por todos los argumentos ya leídos Y porque creo que, como nunca y como siempre, el cine busca caminos nuevos: el más comercial y pelotudo cine gringo experimenta con edición, el más arriesgado crea no sólo sentidos y ficciones nuevas, sino formas de lenguaje, de encuentro inesperadas (piensese en el citado Tsai ming liang).
Jorge Dubatti, hablando del teatro, define el fenómeno aurático (creo que lo resacata de Benjamin)como la idea del contagio, el riesgo del encunetro humano en un lugar y un lapso específicos. Tal vez ahí se separa de lo literario; es un tiempo suspendido, compartido, contagiado en una experiencia irrepetible, ininterrumpida, en la que una ficción obliga a adoptar su intimidad y a compartirla. Esta intimidad es a un tiempo la experiencia y la memoria: el tiempo suspendido en la cinta (el intante muerto, registrado, reactualizado) y en las horas que el espectador revive este tiempo ficticio.
Placer, Maximiliano como la literatura, que no escatima en imágenes cinéfilas. Comparto mis dos favoritas:
Personaje de Ray Bradbury ("la muerte es un asunto solitario"): una mujer de un cuerpo escultural, mayor, que tiene una casa aislada del mundo, frente al mar. En ella una sala privada de cine, en la que vive (o va muriendo) viendo las películas en que era la actriz principal.
Morel de Bioy Casares: decide ser una cinta para consagrarse a la idea de poder, ficticiamente tocar a su amada Faustine: una mujer que mira el mar, que es en realidad una proyección.
Acaso dos metáforas de lo que dice Fernando sobre la relevancia de la ficción en la realidad (insisto: otra ficción discursiva)y de la frase de Válery que Juan escoge para hablar del poder.

(P.D.entre paréntesis: Ya que mi identidad ha sido revelada y confirmada: gracias por la publicación del artículo, un placer y una alegría encnontrarme aquí y ahora.)

Editorial El Cuervo dijo...

:
bienvenida julia!!!! (perdon, Negra!).
el placer y la alegria son todo nuestros. una reseña tremenda la tuya!!!
ya andamos a la peskisa, habiendonos perdido el estreno.
si, tienes toda la razon, una vez mas, con tus apuntes acerca del cine y sus complejos problemas en esta epoca (claro!!, el "aura" de la sala!!!!)
un abrazote y de nuevo la bienvenida
salud!

JG dijo...

Definitivamente, negra/Julia, La invención de Morel no habría sido posible sin el cine. De ahí, tal vez, se entiende mejor la jugada que se manda Georgie en el celebre prólogo: su celebración de que Adolfito huye de los psicologismos. La invención, como el cine, se juega todo en superficies elusivas.

Me acuerdo vagamente del cuento de Bradbury. Se me ocurre que sería muy lindo intentar una lectura cruzada de este cuento con el de los ex-actores porno de Bolaño (en Llamadas telefónicas) y el último cuento del volumen Hoteles, del amigo Maximiliano Barrientos ("Hoteles").
¿Alguien se anima?